De pronto vi que tenía una llamada entrante… Era Dougie.
-Hola Doug –contesto rápidamente.
-Hola, ¿pasó algo? –sonaba preocupado.
Suspiro, él era el que tenía al alcance para desahogarme,
realmente necesitaba un oído que escuchara mis lamentos y creo que era el
adecuado.
Abrí mi boca para decir algo pero la volví a cerrar. Tenía a
mis amigas que son las más “correctas” sobre estos temas pero recordé de sus
ocupaciones. Demonios.
-Sí… -respondo por fin- Alex –empecé pero no pude continuar,
lloraba en silencio, el dolor había aparecido de nuevo. No entiendo cómo me
puedo dejar hacer esto, dejarme lastimar por un chico. Otra vez.
-¿Qué pasó? ¿Qué te hizo? –pregunto lo último con algo de
enojo
-Lo llamé para saber cómo estaba y –aguanto un sollozo pero
intento seguir – su amigo me dijo que estaba con otra – limpié mis lágrimas con
el puño de mi camiseta.
-Yo sabía que ese… - escuché como musitaba pero después se calló - ¿quieres que vaya a tu casa? –
mordí de nuevo mi labio con fuerza, no podía decirle que sí, él estaba con su
novia ahí.
-No, Dougie, voy a estar bien. Gracias por escucharme – me
levanté del suelo y caminé a mi dormitorio, aun escuchando las insistencias de
mi amigo – Voy a estar bien, créeme – le insistí esta vez.
-¿Segura? – se notaba que no me creía nada
-Sí… - inspiré y luego exhalé.
-Está bien –no muy convencido – llámame si pasa algo, ¿sí? –
No le respondí, me había distraído jugando con los flecos de mi edredón,
perdida en mis pensamientos- ¿_______?
-Claro, no…no te preocupes mucho y Dougie – sonrío por lo
dulce que había sido – gracias –escuché su respuesta que mucho no le di
atención y corte la llamada, tirando el celular por ahí.
Durante toda la noche estuve dando vueltas y vueltas, sin
poder conciliar el sueño, malditos pensamientos. Era algo que no podía dejar de
cuestionarme, Alex me engañó y lo que no encajaba para mí en todo esto era:
¿por qué me tiene que suceder esto OTRA VEZ a mí? Es como sí volví a tropezarme
con la misma piedra. ¡NO! Otra vez tropecé con la misma estúpida piedra. Y más
estúpida fui yo por creerle. Solo yo me dejo seducir por un idiota.
Lágrimas resbalaban por mis mejillas, volteo hacia la
izquierda y caen en la almohada, humedeciendo todo ese sector que se apoyaba mi
mejilla. Jamás debí haber aceptado ser su novia, Santo Dios, ¿cómo diablos pude
caer en su trampa? Fui otra más en su lista.
Me volteo otra vez, fijando la vista en el techo de mi
dormitorio y empecé a recordar todo lo que me estuvo sucediendo durante este
tiempo.
Fallecieron mis padres adoptivos, me entere que mis
verdaderos padres me habían abandonado, un chico aparece de nuevo en mi vida y
me engaña. ¿Qué más? ¡Ah sí! En todos esos momentos sufrí como una maldita,
llore por horas y pensar que me mude para alejarme de este tipo de cosas. ¿Para
qué sigo viviendo si solo me van a pasar cosas malas y que me destruyen cada día?
Cubrí mi cabeza con la sabana, harta de esos pensamientos y
me dormí, finalmente.
A la mañana siguiente, agotada de estar por horas peleando
por dormirme, me levanté por el sonido del timbre sonando.
-¿Quién? – pregunto dormida atrás de la puerta y miro por la
mirilla. No había nadie - ¿Qué carajos? – abro la puerta y me encuentro con una
pequeña caja, envuelta en papel violeta oscuro, con un moño rojo y un sobre.
Miré por el pasillo si estaba ese alguien quién lo dejó pero nada. Otra vez el
misterioso extraño.
No dudé en levantarla, me carcomía por dentro que había
dentro y que decía la carta que la acompañaba.
Desenvolví con rapidez y lo abrí.
-¿Una pulsera? – digo mientras miraba con extrañez la
diminuta pulsera de cuentas marrones y letras árabes en cada una de ellas.
Deje el extraño regalo sobre la mesada y rompí el sobre para
sacar la carta.
Leí en voz alta: - Acepta este pequeño regalo y por favor, cuídalo
mucho. PD: sé feliz por mí.
Me quedé estática con la mirada en la nada, tratando de
encajar las palabras y comprenderlas. ¿Quién es éste? ¿Por qué el regalo? ¿Por
qué el “sé feliz”? ¿Y por qué el “por mí”? No entendía nada, corrí todo a un
costado, me puse la pulsera, solamente porque me parecía muy linda y sería un
desperdicio tirarla. Sin más, comencé mi día haciendo el desayuno.
Rocío POV
Y paso algo.
-Que hermosa escena - una voz femenina nos detiene a la
mitad de la escalera. Era Jenny.
-Jennifer, ¿qué haces aquí? Como... ¿cómo rayos entraste? -
pregunta conmocionado y molesto Danny, claro, conmigo a cuestas.
-Eso no importa - juega con unas llaves, que de seguro eran
las de esta casa, ¿ella vivía acá? - Vengo por algunas cosas mías - se encamina
al estudio de Danny pero este la detiene con un redundante "no".
-Te dije que te las mandaría, Jennifer. Por favor, dame las
llaves y vete - extiende sus manos esperando su respuesta pero esta hace caso
omiso. Me bajo de su cintura y la voy a buscar, con todo mi orgullo encima y
varias cosas por...gritarle.
-¿Eres sorda o retardada? ¿Que no entiendes de que después
te las manda? - me mira amenazante y se acerca a paso lento hacia donde estaba
-Te conoceré muy poco pero todo esto te lo hare pagar,
idiota - volteo los ojos y me cruzo de brazos
-Guau, que insulto Hannah Montana - exaspero y la miro
fijamente - ya, vete - señalo con un movimiento de cabeza la puerta principal.
No dijo nada, agarro una caja que tenía cerca y se marchó a
paso rápido. Volteo y me encuentro con un Danny con sonrisa juguetona.
-Que brava que es mi pequeña - se acerca y deja un beso en
mi frente - ¿en que estábamos...? - estaba a punto de besarme pero lo alejo.
-No, dije que no iba a hacerlo contigo y voy a cumplir con
mi palabra - acaricio sus labios con mi pulgar y subo corriendo las escaleras, dejándolo
con deseo.

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